domingo, 19 de octubre de 2014

Dar a luz. Un camino hacia el éxtasis.

Tercera entrega: Samadhi en el nacimiento.
A pesar de que ya ha pasado un año, la experiencia de dar a luz aún la recuerdo como si fuera ayer. Todo este tiempo he necesitado para integrar de forma un poco coherente algo que no se puede describir con palabras.
Finalmente, después de romper muchas barreras, internas y externas, mi esposo y yo elegimos tener a nuestro hijo en casa (claro con tres distintos planes en casos de emergencia). Y una vez que tomamos la decisión, un gran alivio se apoderó de todo mi cuerpo y mi mente. Libre de miedo, de ideas irreales, comencé a "prepararme". Y lo coloco entre comillas porque el momento de nacimiento no tiene teoría. Pero al menos pude hacer cosas que me brindaron una sensación de tranquildad. Desde cosas muy técnicas como hacer Asana y Pranayama, hasta cosas más sencillas como leer, andar descalza, oír música con mi bebé en el vientre, cantarle, hacer visualizaciones y ejercicios para aprender a confiar en mi cuerpo, masajes y terapias con mi Doula para convertir la incertidumbre en energía hacedora de sueños.
El día que mi hijo decidió nacer, faltaba aún un par de semanas para llegar a las famosas 40 semanas de gestación. Lo único que puede decir acerca de toda la experiencia de sentir mi cuerpo abrirse, experimentar a mi hijo bajar delicadamente por mi pelvis y el momento culminante en el que mi esposo y yo tomamos a nuestro bebé en los brazos, es que fue una montaña rusa.

lunes, 30 de enero de 2012

Dar a luz. Un cámino hacia el éxtasis.

Segunda entrega: Retirando el velo de la ignorancia.

Una vez que leí a Leboyer no me quedó más opción que investigar seriamente acerca de los procedimientos que se realizan a los bebés al nacer. La verdad no encontré nada bueno o positivo. Y antes de que sigas leyendo, creo importante decir que no minimizo los esfuerzos médicos y la importancia de una intervención en momentos de peligro o emergencia, en un embarazo de alto riesgo o si el bebé tiene alguna condición especial. Para mi lo preocupante fue saber que las intervenciones son hechas rutinariamente, como si el estar embarazada o dar a luz fuera una condición de vida o muerte. Y no lo es.
Siguiendo con mi relato, puedo decir que todo lo que leí fue violencia. Seres humanos recibidos en cuartos fríos, cegados por luces incandescentes, tocados por primera vez por manos extrañas cubiertas de latex, forzados a nacer, a llorar; irrespetando sus cuerpos con sondas metidas en sus bocas y anos, con agujas en sus cuerpos a los pocos minutos de nacer, siendo separados del  ser con el que  habían compartido la vida por cuarenta semanas para darles un número de "performance", etc... Y no estoy tratando de sonar melodramática, esa es la verdad hospitalaria, al menos en latinoamérica.
Asustada, seguí leyendo, buscando, informándome. Siguieron apareciendo cosas seriamente preocupantes y dolorosas. Entonces entré a conocer cómo se suponía que debían las mujeres "parir". Y utilizo la palabra parir porque es una proeza hacer que un bebé salga de nuestro útero en las condiciones a las que somos obligadas a estar en un hospital. Tratadas como si estuvieramos enfermas, acostadas, inmovilizadas, sin permiso para sentir nuestros cuerpos, para gemir, vibrar,... definitivamente eso si es parir!
La cantidad de mitos, creencias falsas y secretos que existen alrededor de la experiencia de dar a luz, es tan abrumante, que puedo entender perfectamente que hayamos entregado el poder a los médicos para que "salvaran" nuestras vidas y las de nuestros preciados bebés. Pero nada está más lejos de la realidad que creer que el cuerpo humano no sabe lo que hace y que es digno de desconfianza y temor.
Así que empecé a ver a la cara todos los miedos que tenía debido a Avidya, una ignorancia profundamente arraigada en nuestras preconcepciones culturales con respecto al embarazo y el nacimiento. Fueron días de gran vulnerabilidad, con mi inmenso vientre, mi bebé moviéndose, mi esposo temeroso a lo desconocido, y yo allí, sintiendo, respirando, viviendo... pero sobre todo viendo a los ojos la consecuencia de mi ignorancia: Abinivesha, el miedo a la muerte.




miércoles, 18 de enero de 2012

Dar a luz. Un camino hacia el éxtasis.

Primera entrega: rompiendo esquemas.

El 8 de octubre, a las 2:13 pm, mi vida cambió para siempre. Tomé en mis brazos a mi amado bebé. Aún al recordarlo, se estremece todo mi cuerpo. No hay una experiencia comparable. Sentir como todo tu ser se abre para dar paso a un Maestro, ha sido la vivencia más intensa, llena de amor y compasión que he tenido. Pero la historia no comienza aquí. Todo empezó cuando mi esposo y yo sentimos que ya estábamos "listos" para tener un hijo. En ese momento hicimos dos cosas: pensar que quedaría embarazada al día siguiente y ahorrar para una cesárea.
Lo primero que sucedió fue no quedar embarazada al instante. ¡Que difícil! En un mundo lleno de inmediatez, en donde nuestras vidas están acostumbradas a que todo es "ya", respetar las maneras de la naturaleza, soltar las expectativas y no esperar nada, fue la primera lección que me dio mi hijo aún sin ser concebido. ¡Que poder!
Finalmente mi mente y mi corazón se suavizaron, y cuando solté los conteos de días, ovulaciones, temperatura, y posiciones milagrosas, llegó la noticia a través de dos rayitas en un plástico. Una emoción indescriptible... Sin saberlo, me había embarcado en la aventura más hermosa de mi vida.
Lo segundo que sucedió fue sentir desde la inmensidad de mi vientre, que mi hijo no nacería en un hospital. Esta certeza sacudió mi mundo como nada lo había hecho antes. Nunca pensé que en mi camino estaría escrito tener un hijo en casa. Nuestra cultura está llena de miedos y mitos acerca del nacimiento, por lo tanto, yo también lo estaba.
Mi Maestra de Yoga me regaló un libro que fulminó mis temores y me llenó de una poderosa necesidad por proteger a mi bebé. "Por un nacimiento sin violencia" de Federico Leboyer, despertó una consciencia mamífera y una memoria ancestral que jamás pensé tener.
Comencé a investigar, y para mi dolor, descubrí cómo a través de muchos años, logramos deshumanizar una de las experiencias más poderosas de la vida.  

lunes, 2 de enero de 2012

108 Surya Namaskar. De la oscuridad a la luz.

Ayer, primero de enero, fue el día perfecto para realizar por primera vez la conocida práctica de los 108 Saludos al Sol. No sabía en lo que me estaba metiendo. Y además, invité a mi mamá y a mi hermana a hacerlo conmigo. Fue toda una odisea.
Dos horas de intenso movimiento, observando sin parar a una mente que se resistió casi toda la práctica a estar montada en una montaña rusa de sensaciones. 
Comenzamos tratando de no tener expectativas ni apego a resultados. Cuerpo, mente y corazón empezaron abiertos a una aventura desconocida. Pero a medida que el movimiento nos calentaba, salían todos los obstáculos a la superficie. Manos adoloridas, los dedos dormidos, muñecas agotadas, isquiotibiales tocando su límite, codos y hombros perdiendo su capacidad de articular. Mente cada vez más cerrada, temerosa y enjuiciadora. A medida que avanzábamos en los números, nos alejábamos cada vez más del optimismo. 
Lo que nos mantuvo hasta el final fueron nuestros corazones abiertos, la respiración y el Prana que compartimos las tres. 
Sentir cada Surya Namaskar como la vida misma, arriba y abajo, inhalando y exhalando, comenzando y terminando, fluctuante, impredecible; ha sido una de las practicas más hermosas que he realizado en mi camino del Yoga.
Los invito a lanzarse a este ritual, sin paracaídas, sólo con fe. Les puedo asegurar que una vez que se atraviesa la oscuridad de nuestra mente y cuerpo, se siente lo que  Patanjali nos sugiere en su Sutra 1:36, la divina luz interior. 



lunes, 26 de diciembre de 2011

Santosha

En un mundo en donde tantas cosas pueden salir mal... hay infinitas que salen bien. O simplemente depende de como lo veamos. 
Creo que la práctica de Yoga nos ayuda a cultivar Santosha, el estar contentos con lo que la vida nos da, y sentir en lo más profundo de nosotros, que así debía ser. Claro que es más fácil recibir lo que siempre deseamos, o lo que nos hace sentir bien. Pero, ¿cómo abrazamos lo que no queríamos y que aún así llegó a nuestras vidas? 
Abrir nuestros corazones a todo lo que viene no es tarea fácil, pero si muy liberadora. Deseo a todos mis lectores un 2012 lleno de Santosha. Cuerpos, mentes y almas abiertas a lo que la vida nos quiera regalar. Al final del día sabemos que todo como es, es perfecto. 
Namasté. 

jueves, 28 de julio de 2011

La práctica del aquí y ahora. El desafío del Yoga.

Si bien es cierto que nuestro cerebro está diseñado perfectamente para anticipar sucesos que no existen y aprender de aquellas experiencias que ya pasaron, como un mecanismo de defensa ante los peligros innatos que conllevan el vivir;  la generalización de esta práctica neurológica a todas las instancias de nuestro acontecer diario se convierte, la mayoría de las veces, en nuestro peor enemigo. Entre lo que pensamos que podría pasar y los recuerdos de aquello que ya pasó, podemos quedarnos congelados en dos tiempos que no existen. 
Entonces, ¿cuál es la propuesta del yoga? Estar en el aquí y el ahora. Permitir que cada experiencia sea única, sin suponer cómo va a ser, sin generalizar cómo debería ser. El Yoga nos invita a desapegarnos de las ideas, a no tener expectativas, ya que esta es parte de la base de nuestro sufrimiento. 
Pero ¡que dificil! grita una voz interna. Siempre he pensado y sentido que ésta es la práctica más compleja del camino del yoga. 
Y hoy, de la forma más pura, el Universo me recordó de qué se trata. Sentada, sumergida en pensamientos fantasiosos del futuro, y en algunos reconcomios del pasado, de repente pasó algo extraordinario. O mejor dicho, algo "extrasencillo". Un movimiento del ser que crece dentro de mi me devolvió al presente. Me reconecté inmediatamente con lo que sí existe, y fue maravilloso. 
La sensación duró unos cuantos minutos antes de volver a pensar en qué iba a hacer para el almuerzo y darme cuenta que se me había olvidado hacer una llamada importante el fin de semana. 
Pero sucedió, y por eso lo escribo. Y vuelve a suceder. Aquí estamos. Te mueves y es ahora. Y otra vez... otra vez... otra más.  

martes, 24 de mayo de 2011

Los efectos de NO practicar yoga

Es muy común e inspirador escuchar, leer u observar en las personas o en nosotros mismos los efectos que trae la practica de yoga a muchos niveles. ¿Pero qué pasa cuando dejamos de practicar?
Creo que todos en algún momento de nuestras vidas, por diferentes situaciones, dejamos el Yoga de lado. Personalmente, tres meses de náuseas las 24 horas del día fueron suficiente para alejarme de mi practica. No sólo era imposible, como practicante de Ashtanga, levantarme a realizar la primera serie o al menos algunas posturas, sino que además el no tener control alguno del bienestar de mi cuerpo, hizo que me desconectara de mi mente, así que la practica de filosofía y meditación también desapareció casi por completo. 
En mi caso fue debido al primer trimestre de embarazo. Para otras personas puede ser la falta de tiempo, el exceso de trabajo, alguna enfermedad, etc. No importa cual sea la razón por la cual nos distanciamos de la dedicación diaria que damos a nuestras prácticas. Una vez que volvemos a ella podemos observar con gran claridad todo los efectos sutiles que se fueron perdiendo en la cotidianidad. 
Algunos cambios que he podido observar en estos días de "reinicio" y que me gustaría compartir acá, han sido:
  • Un cuerpo rígido.
  • Dolor de espalda.
  • Dolor de cuello.
  • Mal humor.
  • Ansiedad.
  • Pensamientos intrusos y repetitivos.
  • Intolerancia.
  • Falta de energía.
  • Dolor de cabeza.
  • Problemas de concentración.
En un principio me sentí culpable por no ser más "insistente" con mi cuerpo y mi mente, pero luego me di cuenta que es imposible no hacer yoga. Hasta en las situaciones de "reposo" podemos practicar. Si en algún momento no podemos pararnos de una cama, o nos sentimos mentalmente alterados o desconectados, mi recomendación es practicar en tener claras nuestras intenciones del día. Sea poniendo en práctica un Yama o un Niyama, o respirar conscientemente por cinco minutos. De esta manera es probable sentirnos conectados con el camino que hemos elegido, independientemente de los distintos obstáculos que se vayan presentando.  

Les deseo a todos una practica infnita!